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lunes, 30 de enero de 2012

El pajarito Iluminatti tambien quiere censurar???. Pobrecito! Cree que la Humanidad no puede invertarse otros “pajaritos??

http://gootwitter.com/wp-content/uploads/top-100-usuarios-twitter-espana-1.jpg

Con esta noticia nos damos cuenta que el miedo son sus armas predilectas!

Ahora tambien este pajarito quiere censurar a los paises que no son afines con los ideales de sus progenitores! Bueno, la IDEA ya se la dieron a la Humanidad y esta sabra rapido
crear su propio "pajarito" y no el de ELLOS!

Vean la desfachatez del pajarito:

Twitter censurará para crecer en países sin libertad de expresión

Entonces deberia de empezar a censurar a los EEUU, por que alli, es donde realemnte "censuran" las verdaderas noticias a sus ciudadanos.

En el resto del mundo libre ya se estan tomando los pasos que requieren de una verdadera protesta a nivel mundial!

Lanzan hashtag contra Twitter en rechazo a la censura

http://www.entreclick.com/wp-content/themes/manifesto/scripts/timthumb.php?src=http://www.entreclick.com/wp-content/uploads/2012/01/84483_500.jpg&h=300&w=600&zc=1

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https://despabilar.wordpress.com/


El amanecer de las redes sociales: nuestros antepasados formaban lazos de unión con base a atributos compartidos-

http://terraeantiqvae.com/

Vía: Harvard Medical School | 25 de enero de 2012 (Traducción: G.C.C. para Terrae Antiqvae)

Los antiguos seres humanos no han tenido el lujo de actualizar su estado en Facebook, pero las redes sociales eran, sin embargo, un componente esencial de sus vidas, según un nuevo estudio.

Los resultados del mismo describen los elementos de las estructuras de las redes sociales que pudieron haber estado presentes en los principios en la historia humana, y sugieren cómo nuestros antepasados pudieron haber formado lazos de unión con parientes y no parientes sobre la base de atributos compartidos, incluyendo la tendencia a cooperar. Según el documento, las redes sociales probablemente contribuyeron a la evolución de la cooperación.

"Lo sorprendente es que las antiguas redes sociales humanas se parecen mucho a lo que vemos hoy", dijo Nicholas Christakis (foto a la izquierda), profesor de sociología médica en la Harvard Medical School y profesor de sociología en la Harvard Faculty of Arts and Sciences, y autor principal del estudio.

"En aquel tiempo estabamos alrededor de las hogueras y había palabras flotando en el aire, y, hoy en día, cuando tenemos paquetes digitales flotando en el éter, hacemos redes sociales, básicamente, del mismo tipo".



"Hemos encontrado que lo que la gente moderna está haciendo con las redes sociales 'online' es lo que siempre hemos hecho, no sólo antes de 'Facebook', sino antes de la agricultura", dijo el coautor del estudio James Fowler, profesor de genética médica y de ciencias políticas en la University of California, San Diego, que, con Christakis, es autor de una serie de estudios sobre las redes sociales humanas.

Los resultados serán publicados 26 de enero en Nature.



Las raíces del altruismo



El mundo natural, de dientes y garras rojas, tiene un lado amable. Mientras que los individuos compiten ferozmente para asegurarse la proliferación de su descendencia, algunos animales, incluyendo los seres humanos, también cooperan y actúan de manera altruista. Los investigadores se han preguntado si las redes sociales humanas son un producto del estilo de vida moderno, o si podrían haber surgido bajo el tipo de condiciones a las que nuestros antepasados se enfrentaron. Esta pregunta ha sido un desafío para la teoría clásica de la evolución a la hora de explicarla claramente.


Para que la cooperación surja, un acto altruista, tal como compartir la comida con una persona ajena, debe haber un beneficio neto para los partícipes. De lo contrario, los individuos puramente egoístas sobrecompetirían y, eventualmente, sustituirían a los dadivosos. Todas las explicaciones teóricas de la evolución de la cooperación -la selección de parentesco, el altruismo recíproco, la selección del grupo- se basan en la existencia de algún sistema que permite a los cooperantes agruparse con otros individuos que tienden a compartir.

"Si usted puede conseguir que los cooperantes se agrupen en un espacio social, la cooperación puede evolucionar", dijo Coren Apicella (foto a la izquierda) investigadora post-doctoral en el Health Care Policy de Harvard y autora principal del artículo "Social networks allow this to happen" ("Las redes sociales permiten que esto suceda").

Si bien no es posible interrogar a nuestros antepasados acerca de sus amistades o sobre sus hábitos de compartir y colaborar, un equipo de investigadores de la Harvard Medical School, la University of California, en San Diego, y la Universidad of Cambridge, han caracterizado la estructura de las redes sociales entre los Hadza, un grupo étnico en la región del Lago Eyasi, en Tanzania, y uno de los últimos grupos de cazadores-recolectores que sobreviven. (Hay menos de 1.000 Hadza que viven de forma tradicional).


Cómo conseguir una conexión


El estilo de vida Hadza es anterior a la invención de la agricultura. Los Hadza comen una amplia gama de alimentos silvestres, recolectan tubérculos, nueces y frutas, y cazan una gran variedad de animales, incluyendo flamencos, musarañas y jirafas. La miel es uno de sus alimentos favoritos, conocida por media docena de nombres diferentes en Hadzane, su lengua primaria.

Apicella tomó la delantera en la recogida de datos para el estudio, entrevistando a 205 Hadza adultos a lo largo de dos meses, midiendo su tendencia a cooperar y estableciendo el esquema de sus amistades.

Apicella, Fowler y Christakis, diseñaron el estudio y experimentos, en colaboración con Frank Marlowe (foto a la izquierda), profesor del Departamento de Arqueología y Antropología de la Universty of Cambridge, y autor del único libro extenso sobre etnografía de los Hadza.


La recolección de datos no fue fácil. Los nómadas Hadza vagan más de 4.000 kilómetros cuadrados a través de un terreno áspero. Apicella y sus asistentes de investigación viajaron por la región en un Land Cruiser, luchando contra caminos empapados de barro -en algún momento forzandoles a ella y a sus compañeros a preparar el terreno con árboles derribados- y, en un primer viaje, incluso huyendo de una horda de elefantes.

Con el fin de construir una red social, Apicella y sus colegas adoptaron un enfoque dual. En primer lugar, les preguntaron a los adultos Hadza que identificaran a los individuos con los que prefirían vivir en su siguiente campamento. En segundo lugar, dieron a cada adulto tres pajas de miel y les dijeron que podían dar estas pajas como regalo a alguien en su campamento. Esto generó 1.263 lazos de compañerismo y 426 lazos de regalo.


En una actividad separada, los investigadores midieron los niveles de cooperación al dar a los Hadza pajas de miel adicionales que ellos podían conservar para sí mismos o donar al grupo.


Cuando las redes sociales fueron mapeadas y analizadas, los investigadores encontraron que los cooperadores y los no cooperadores formaban grupos distintos.

Los investigadores también midieron las conexiones de las personas con la misma altura, edad, fuerza para presionar, etc., y otras características, tal como alimentos preferentes. También analizaron la transitividad de la amistad, la probabilidad de que los amigos de alguien son amigos de otro, y otras propiedades de la red social.


La estructura y la dinámica de las redes sociales de los cazadores-recolectores Hadza fueron esencialmente indistinguible de los datos existentes sobre las redes sociales procedentes de las comunidades modernas.


"Dimos vuelta a los datos a través de muchas maneras diferentes", dijo Fowler. "Nos fijamos en más de una docena de medidas que los analistas de redes sociales utilizan para compararlas, y, más o menos, los Hadza son como nosotros".


"Los seres humanos son excepcionaless entre las especies, en la medida en que formamos, a largo plazo, uniones no reproductivas con los demás miembros de nuestra especie", dijo Christakis. "En otras palabras, no sólo tenemos sexo, sino que también tenemos amigos".


El trabajo previo de Christakis y Fowler, que son co-autores del libro "Conectados", ha demostrado que nuestra experiencia del mundo depende de dónde nos encontramos dentro de las redes sociales. Estudios particulares han descubierto que las redes sociales influyen en una sorprendente variedad de factores de estilo de vida y salud, tales como la propensión a la obesidad, dejar de fumar, e incluso la felicidad.


Para los investigadores, los Hadza ofrecen nuevas y sólidas evidencias de que las redes sociales son verdaderamente milenarias, tal vez parte integrante de la historia humana.


Esta investigación fue financiada por el National Institute on Aging y por la Science of Generosity Initiative of the University of Notre Dame.

LOS "DESAPARECIDOS" DEL IMPERIO (POR ATILIO A. BORÓN)

Hoy publicamos un más que interesante artículo, tomado de la Web ALAI (agencia latinoamericana de información), escrito por el excelente politólogo argentino Atilio Borón, publicado el día 11/1/2012, donde expresa opiniones que compartimos en su totalidad, junto con tantas personas que creemos que la tan mentada "democracia " norteamericana es una de las farsas más elaboradas de la historia:

Un artículo reciente firmado por John Tirman, director del Centro de Estudios Internacionales del Massachusetts Institute of Technology (MIT) y publicado en el Washington Post, plantea con crudeza una reflexión sobre un aspecto poco estudiado de las políticas de agresión del imperialismo: la indiferencia de la Casa Blanca y de la opinión pública en relación a las víctimas de las guerras que Estados Unidos libra en el exterior.[1]
Como académico “bienpensante” se abstiene de utilizar la categoría “imperialismo” como clave interpretativa de la política exterior de su país; su análisis, en cambio, revela a los gritos la necesidad de apelar a ese concepto y a la teoría que le otorga sentido. Tirman expresa en su nota la preocupación que le suscita, en cuanto ciudadano que cree en la democracia y los derechos humanos, la incoherencia en que incurrió Barack Obama –no olvidemos, un Premio Nóbel de la Paz- cuando en su discurso pronunciado en Fort Bragg (14 de Diciembre de 2011) para rendir homenaje a los integrantes de las fuerzas armadas que perdieron la vida en la guerra de Irak (unos 4.500, aproximadamente) no dijo ni una sola palabra de las víctimas civiles y militares iraquíes que murieron a causa de la agresión norteamericana.
Agresión, conviene recordarlo, que no tuvo nada que ver con la existencia de “armas de destrucción masiva” en Irak o con la inverosímil complicidad del antiguo aliado de Washington, Saddam Hussein, con las fechorías que supuestamente cometía otro de sus aliados, Osama Bin Laden.
El objetivo excluyente de esa guerra, como la que amenaza iniciar en contra de Irán, fue apoderarse del petróleo iraquí y establecer un control territorial directo sobre esa estratégica zona para el momento en que el aprovisionamiento del crudo deba hacerse confiando en la eficacia disuasiva de las armas en lugar de las normas de aquello que algunos espíritus ingenuos en la Europa del siglo XVIII dieron en llamar “el dulce comercio.”
En su nota Tirman acierta al recordar que las principales guerras que Estados Unidos libró desde el fin de la Segunda Guerra Mundial –Corea, Vietnam, Camboya, Laos, Irak y Afganistán- produjeron, según sus propias palabras, una “colosal carnicería”. Una estimación que este autor califica como muy conservadora arroja un saldo luctuoso de por lo menos seis millones de muertes ocasionadas por la cruzada lanzada por Washington para llevar la libertad y la democracia a esos infortunados países. Si se contaran operaciones militares de menor escala -como las invasiones a Grenada y Panamá, o la intervención apenas disimulada de la Casa Blanca en las guerras civiles de Nicaragua, El Salvador y Guatemala, para no hablar de similares tropelías en otras latitudes del planeta- la cifra se elevaría considerablemente.[2]
No obstante, y pese a las dimensiones de esta tragedia, a las cuales habría que agregar los millones de desplazados por los combates y la devastación sufrida por los países agredidos, ni el gobierno ni la sociedad norteamericana han evidenciado la menor curiosidad, preocupación, ¡ni digamos compasión!, para enterarse de lo ocurrido y hacer algo al respecto. Esos millones de víctimas fueron simplemente borrados del registro oficial del gobierno y, peor aún, de la memoria del pueblo norteamericano mantenido impúdicamente en la ignorancia o sometido a la interesada tergiversación de la noticia. Cómo lúgubremente reiteraba el criminal dictador argentino Jorge R. Videla ante la angustiada pregunta de los familiares de la represión, también para Barack Obama esas víctimas de las guerras estadounidenses “no existen”, “desaparecieron”, “no están”.
Si el holocausto perpetrado por Adolf Hitler al exterminar a seis millones de judíos hizo que su régimen fuese caracterizado como una aberrante monstruosidad o como una estremecedora encarnación del mal, entonces ¿qué categoría teórica habría que usar para caracterizar a los sucesivos gobiernos de Estados Unidos que sembraron muertes en una escala por lo menos igual, si no mayor?
Lamentablemente nuestro autor no se formula esa pregunta porque cualquier respuesta habría puesto en cuestión el crucial artículo de fe del credo norteamericano que asegura que Estados Unidos es una democracia. Más aún: que es la encarnación más perfecta de “la democracia” en este mundo. Observa con consternación, en cambio, el desinterés público por el costo humano de las guerras estadounidenses; indiferencia reforzada por el premeditado ocultamiento que se hace de aquellos muertos en la voluminosa producción de películas, novelas y documentales que tienen por tema central la guerra; por el silencio de la prensa acerca de estas masacres –recordar que, luego de Vietnam, la censura en los frentes de batalla es total y que no se pueden mostrar víctimas civiles y tampoco soldados norteamericanos heridos o muertos; y porque las innumerables encuestas que a diario se realizan en Estados Unidos jamás indagan cuál es el grado de conocimiento o la opinión de los entrevistados acerca de las víctimas que ocasionan en el exterior las aventuras militares del imperio.
Este pesado manto de silencio se explica, según Tirman, por la persistencia de lo que el historiador Richard Slotkin denominara el “mito de la frontera”, una de las constelaciones de sentido más arraigada de la cultura norteamericana según la cual una violencia noble y desinteresada -o interesada solo en producir el bien- puede ser ejercida sin culpa o cargos de conciencia sobre quienes se interpongan al “destino manifiesto” que Dios ha reservado para los norteamericanos y que, con piadosa gratitud, los billetes de dólar recuerdan en cada una de sus denominaciones. Solo “razas inferiores” o “pueblos bárbaros”, que viven al margen de la ley, podrían resistirse a aceptar los avances de la “civilización”.
El violento despojo sufrido por los pueblos originarios de las Américas, tanto en el Norte como en el Sur, fue justificado por ese racista mito de la frontera y edulcorado con infames mentiras. En el extremo sur del continente, en la Argentina, la mentira fue denominar como “conquista del desierto” la ocupación territorial a sangre y fuego del habitat, que no era precisamente un desierto, de los pueblos originarios.
En Chile la mentira fue bautizar como “la pacificación de la Araucanía” al nada pacífico y sangriento sometimiento del pueblo mapuche. En el norte, el objeto del pillaje y la conquista no fueron las poblaciones indígenas sino una fantasmagórica categoría, apenas un punto cardinal: el Oeste. En todos los casos, como lo anotara el historiador Osvaldo Bayer, la “barbarie” de los derrotados, que exigía la perentoria misión civilizatoria, era demostrada por su … ¡desconocimiento de la propiedad privada!
En suma: esta constelación de creencias -racista y clasista hasta la médula- presidió el fenomenal despojo de que fueron objeto los pueblos originarios y liberó a los píos cristianos que perpetraron la masacre de cualquier sentimiento de culpa. En realidad, las víctimas eran humanas sólo en apariencia. Esa ideología reaparece en nuestros días, claro que de forma transfigurada, para justificar el aniquilamiento de los salvajes contemporáneos. Sigue “oprimiendo el cerebro de los vivos”, para utilizar una formulación clásica, y fomentando la indiferencia popular ante los crímenes cometidos por el imperialismo en tierras lejanas. Con la invalorable contribución de la industria cultural del capitalismo hoy la condición humana le es negada a palestinos, iraquíes, afganos, árabes, afrodescendientes y, en general, a los pueblos que constituyen el ochenta por ciento de la población mundial. Tirman recuerda, como ya lo había hecho antes Noam Chomsky, el sugestivo nombre asignado a la operación destinada a asesinar a Osama Bin Laden: “Gerónimo”, el jefe de los apaches que se opuso al pillaje practicado por los blancos. El lingüista norteamericano también decía que algunos de los instrumentos de muerte más letales de las fuerzas armadas de su país también tienen nombres que aluden a los pueblos originarios: el helicóptero Apache, el misil Tomahawk, y así sucesivamente.
Tirman concluye su análisis diciendo que esta indiferencia ante los “daños colaterales” y los millones de víctimas de las aventuras militares del imperio socava la credibilidad de Washington cuando pretende erigirse en el campeón de los derechos humanos. Agregaríamos: socava “irreparablemente” esa credibilidad, como quedó elocuentemente demostrado en 2006 cuando la Asamblea General de la ONU creó el Consejo de Derechos Humanos, en reemplazo de la Comisión de Derechos Humanos, con el voto casi unánime de los estados miembros y el solitario rechazo de Estados Unidos, Israel, Palau y las Islas Marshall.[3] Lo mismo ocurre cuando año tras año la Asamblea General condena por una mayoría aplastante el criminal bloqueo a Cuba impuesto por Estados Unidos.
Pero no es sólo la credibilidad de Washington lo que está en juego. Más grave aún es el hecho de que la apatía y el sopor moral que invisibilizan la cuestión de las víctimas garantiza la impunidad de quienes perpetran crímenes de lesa humanidad en contra de poblaciones civiles indefensas (como en los casos de My Lai en Vietnam o Haditha en Irak, para no mencionar sino los más conocidos). Pero esto viene de lejos: recuérdese la patética indiferencia de la población norteamericana ante las noticias del bombardeo atómico en Hiroshima y Nagasaki, y los cables que enviaba el corresponsal del New York Times destacado en Japón diciendo que ¡no había indicios de radioactividad en la zona bombardeada! Impunidad que alentará futuras atrocidades, motorizadas por la inagotable voracidad de ganancias que exige el complejo militar-industrial, para el cual la guerra es una condición necesaria, imprescindible, de sus beneficios. Sin guerras, sin escalada armamentista el negocio arrojaría pérdidas, y eso es inadmisible. Y son las ganancias de esos tenebrosos negocios, no olvidemos, las que financian las carreras de los políticos norteamericanos (y Obama no es excepción a esta regla) y las que sostienen a los oligopolios mediáticos con los cuales se desinforma y adormece a la población.
No por casualidad Estados Unidos ha guerreado incesantemente en los últimos sesenta años. Los preparativos para nuevas guerras están a la vista y son inocultables: comienzan con la satanización de líderes desafectos, presentados ante la opinión pública como figuras despóticas, casi monstruosas ; sigue con intensas campañas publicitarias de estigmatización de gobiernos desafectos y pueblos díscolos; luego vienen las condenas por presuntas violaciones a los derechos humanos o por la complicidad de aquellos líderes y gobiernos con el terrorismo internacional o el narcotráfico, hasta que finalmente la CIA o algún escuadrón especial de las fuerzas armadas se encarga de fabricar un incidente que permita justificar ante la opinión pública mundial la intervención de los Estados Unidos y sus compinches para poner fin a tanto mal.
En tiempos recientes eso se hizo en Irak y luego en Libia. En la actualidad hay dos países que atraen la maliciosa atención del imperio: Irán y Venezuela, por pura casualidad dueños de inmensas reservas de petróleo. Esto no significa que la funesta historia de Irak y Libia vaya necesariamente a repetirse, entre otras cosas porque, como lo observara Noam Chomsky, Estados Unidos sólo ataca a países débiles, casi indefensos, y aislados internacionalmente. Washington ha hecho lo imposible para establecer un “cordón sanitario” que aísle a Teherán y Caracas, pero hasta ahora sin éxito. Y no son países destruidos por largos años de bloqueo, como Irak, o que se desarmaron voluntariamente, como Libia, seducida por las hipócritas demostraciones de afecto de una nueva camada de imperialistas. Afortunadamente, ni Irán ni Venezuela se encuentran en esa situación. De todos modos habrá que estar alertas.
Horror en Vietnam ¿Quiénes son los "bárbaros"?




[1]“Why do we ignore the civilians killed in American wars?” (The Washington Post, 5 Diciembre 2011)
[2] Expertos internacionales aseguran que el número de víctimas ocasionadas por Estados Unidos en Vietnam ronda las cuatro millones de personas. La estimación total de seis millones subestima grandemente la masacre desencadenada por el imperialismo norteamericano en sus diferentes guerras.
[3] Añadamos un dato bien significativo: cuando la Asamblea General tuvo que decidir la composición del Consejo, el 9 de Mayo del 2006, Estados Unidos no logró los votos necesarios para ser uno de los 47 países que debía integrarlo. ¡Toda una definición sobre la nula credibilidad internacional de Estados Unidos como defensor de los derechos humanos!

Antropólogos de la Universidad de Pennsylvania aclaran la relación genética entre los asiáticos y los primeros nativos americanos-

Foto: Una extensa familia de la región de Altai (Wikipedia)


Vía:University of Pennsylvania| 26 de enero de 2012 (Traducción: G.C.C. para Terrae Antiqvae)


Una pequeña región montañosa en el sur de Siberia puede haber sido el origen genético de los primeros nativos americanos, según una nueva investigación de un equipo de antropólogos de la Universidad de Pennsylvania.

Foto: Matthew Dulik and Theodore Schurr.


Ubicada en la intersección de lo que hoy es Rusia, Mongolia, China y Kazajstán, la región conocida como Altai "es un área clave, porque es un lugar donde la gente ha estado entrando y saliendo durante miles y miles de años", dijo Theodore Schurr, un profesor asociado al Departamento de Antropología de Universidad de Pennsylvania. Schurr, junto con el estudiante de doctorado, Matthew Dulik, y un equipo de estudiantes graduados e investigadores postdoctorales, colaboraron en el trabajo con Ludmila Osipova del Instituto de Citología y Genética en Novosibirsk, Rusia.


Entre las personas que pueden haber surgido de la región de Altai están los antecesores de los primeros nativos americanos. Hace aproximadamente 20.000-25.000 años, estos humanos prehistóricos llevaron sus linajes genéticos asiáticos hasta los confines de Siberia y, eventualmente, a través de la masa de tierra expuesta de Bering hacia las Américas.


"Nuestro objetivo, al trabajar en esta área, era definir mejor cuáles de aquellos linajes fundadores, o linajes hermanados, son de poblaciones nativas americanas", dijo Schurr.


El estudio del equipo, publicado en la American Journal of Human Genetics, analizó la genética de los individuos que viven en la república rusa de Altai, a fin de identificar marcadores que podrían vincularlos a los nativos americanos. Los estudios etnográficos anteriores habían hallado diferencias entre las tribus del norte y el sur de Altai, con las tribus del norte, aparentemente vinculadas, lingüística y culturalmente, a los grupos étnicos de más al norte, tales como las poblaciones urálicas o samoyédicas, y los grupos del sur mostrando una conexión más fuerte con los mongoles, uigures y buriatos.


Schurr y sus colegas evaluaron las muestras de Altai referidas a marcadores de ADN mitocondrial, los cuales se heredan por vía materna, y en el ADN del cromosoma Y, que se transmiten de padres a hijos. También compararon las muestras previamente recogidas de personas en el sur de Siberia, Asia central y oriental, Mongolia, y una variedad de grupos indígenas de América. Debido al gran número de marcadores genéticos examinados, los resultados tienen un alto grado de precisión.


"A este nivel de resolución podemos ver las conexiones con más claridad", dijo Schurr.


Al observar el ADN del cromosoma Y, los investigadores descubrieron una mutación única compartida por los nativos americanos y los altaianos del sur, en el linaje conocido como Q.


Foto: Chamán de Altai


"Esto también es válido desde del lado de las mitocondrias", dijo Schurr. "Hemos encontrado formas de los haplogrupos C y D en los altaianos del sur, y D en en los altaianos del norte, las cuales se parecen a algunos de los tipos fundadores que surgieron en América del Norte, aunque los altaianos del norte aparecían más distantemente emparentado de los nativos americanos".


Calculando cuánto tiempo les llevó surgir a las mutaciones que ellos observaron, el equipo de Schurr estimó que el linaje de los altaianos del sur se separó genéticamente del linaje nativo americano hace 13.000 ó 14.000 años, un escenario temporal que se alinea con la idea de que la gente se movió hacia las Américas, desde Siberia, hece entre 15.000 y 20.000 años.


Aunque es posible, incluso probable, que más de una oleada de personas cruzaran el puente terrestre, Schurr dijo que otros investigadores todavía no han sido capaces de identificar un punto focal geográfico similar, desde el cual los nativos americanos puedan rastrear su herencia genética.


"Esta información puede cambiar con más datos de otros grupos, pero, hasta ahora, incluso con un intenso trabajo en Mongolia, no están viendo las mismas cosas que nosotros encontramos", dijo.


Además de esclarecer la conexión de Asia y América, el estudio confirma que la brecha cultural moderna entre los altaianos del sur y del norte tiene antiguas raíces genéticas. Los altaianos del sur parecían haber tenido un mayor contacto genético con los mongoles de lo que hicieron los altaianos del norte, los cuales eran genéticamente más similares a los grupos de más al norte.


Sin embargo, cuando se observa el ADN mitocondrial de los altaianos de forma aislada, los investigadores detectaron mayores conexiones entre los altaianos del norte y del sur, lo que sugiere que quizás las mujeres tenían más probabilidades de salvar la divisoria genética entre las dos poblaciones.


"Sutiles diferencias se reflejan aquí entre los propios altaianos -la diferenciación entre los grupos- y nos permiten tratar de apuntar a un área donde pudo haber surgido alguno de estos linajes precursores de los indios americanos", dijo Schurr.

Foto: Chamán del Amazonas, Brasil (por Sue Wren)


En el futuro, Schurr y su equipo esperan continuar utilizando técnicas de genética molecular para rastrear el movimiento de gentes del interior de Asia hacia, o de paso, a las Américas. También pueden tratar de identificar los vínculos entre las variaciones genéticas y las respuestas fisiológicas adaptativas, es decir, los vínculos que pueden informar a la investigación biomédica.


Por ejemplo, Schurr señaló que tanto siberianos y poblaciones de nativos americanos "parecen ser susceptibles a la occidentalización de la dieta y alejarse de las dietas tradicionales, pero sus respuestas, en términos de presión arterial y metabolismo de las grasas, y así sucesivamente, en realidad se diferencian".


Utilizando enfoques genómicos, junto con la antropología física tradicional, se puede lograr información sobre los factores que rigen estas diferencias.


El estudio fue apoyado por la University of Pennsylvania, la National Science Foundation, el Social Sciences and Humanities Research Council de Canadá, y la Russian Basic Fund for Research. La National Geographic Society también proporcionó apoyo infraestructural al laboratorio del profesor Schurr.

http://terraeantiqvae.com

viernes, 27 de enero de 2012

Google prepara gran maniobra para concentrar datos personales de sus usuarios



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Google implementará a partir de marzo nuevas políticas para acceder a sus servicios que tienen como base una extensa concentración de información personal de sus usuarios.

A partir del 1 de marzo próximo comenzarán a implementarse nuevas medidas con la que Google concentrará una enorme cantidad de datos personales de los usuarios que acceden a sus servicios, so pretexto de “construir un ecosistema alrededor de su plataforma que compita con Apple y Facebook”, según asegura el diario El País.

La idea central es que antes de acceder al sistema Google (Gmail, Chrome, Books, Maps, Google+, etc.), el usuario está obligado a aceptar nuevas condiciones de uso en que se estipula que Google puede servirse de la información generada mientras se usen todos estos servicios.

El supuesto beneficio sería que con estos datos recolectados la estancia del internauta será mejor, pues, por poner un ejemplo, la búsqueda de información se especializará de acuerdo con los intereses personales que esta especie de panóptico automatizado haya aprendido a reconocer como propios.

Lo curioso es que la única opción que tendrá el usuario para rechazar dichas condiciones será no utilizar el servicio.

Es cierto, como dice Sara Marie Watson en The Atlantic, que está movida del llamado gigante de Mountain View era previsible e incluso tardó demasiado en implementarse teniendo en consideración todo el tiempo que lleva Google ampliando su presencia en la Red, pero no por ello es menos alarmante.

He dicho antes —escribe Watson— que como usuarios no somos lo suficientemente críticos de las relaciones que entablamos con plataformas como Facebook y Google que nos ofrecen servicios valiosos a cambio de nuestros datos. Para mí es un asunto no solo de privacidad sino de datos literalmente personales. Me pregunto si este es el momento en que el usuario promedio de Google comenzará a ser más crítico, más circunspecto a propósito de su exposición frente a la compañía. ¿Son estas políticas consolidadas de privacidad y términos de servicios suficientes para hacer evidente la realidad de nuestra exposición de datos? ¿Suficiente para sacudirnos un poco?

Cabe mencionar que, de momento, el usuario podrá utilizar anónimamente (tanto como esto es posible en Internet) YouTube y el buscador de Google. Pero, de cualquier manera y parafraseando a Günther Grass y su ensayo sobre Kafka, resulta terrorífico advertir cuánta información estamos entregando a estas nuevas burocracias digitales.

Con información de El País y The Atlantic.-pijamasurf.-

Científicos consiguen por primera vez hacer invisible un objeto tridimensional-


From Figure 3 of the paper: Near-field mapping of the electric field distribution (snapshot in time) around and on top of the object under test. (Credit: Image courtesy of Institute of Physics; from the paper: D Rainwater, A Kerkhoff, K Melin, J C Soric, G Moreno, A Al. Experimental verification of three-dimensional plasmonic cloaking in free-space. New Journal of Physics, 2012; 14 (1): 013054 DOI: 10.1088/1367-2630/14/1/013054)

Investigadores de la Universidad de Texas logran, por primera vez en la historia científica, volver invisible un objeto tridimensional: se trata de un tubo e 18 centímetros de largo.

Desde hace siglos el ser humano ha coqueteado con la posibilidad de anular una propiedad intrínseca de prácticamente todo cuerpo físico de ciertas dimensiones: la visibiliad. Desde técnicas ancestrales de camuflaje hasta fórmulas teóricas para hacer un objeto invisible, lo más cerca que la ciencia había llegado hasta ahora era “cubrir” objetos bidimensionales.

Pero ahora un grupo de científicos de la Universidad de Texas finalmente consumó un “conjuro” científico que les permitió hacer invisible, por primera vez en la historia de las ciencias, un objeto tridimensional. Lo anterior se logró gracias a un método llamado “encubrimiento plasmónico”, a través del cual lograron hacer invisible un tubo de 18 centímetros.

El trabajo fue publicado en el New Journal of Physics, que representa al Instituto de Física y a la Sociedad Física de Alemania, y a diferencia de los métodos anteriores, los cuales se concentraban en el uso de metamateriales alterados, no homogéneos y que permitían curvar la luz en torno al objeto que conformaban, generando así la ilusión de que no estaban presentes, ahora los investigadores recurrieron al uso de metamateriales plasmónicos. Estos son capaces de evadir los rayos de luz, rebotándolos en cuanto tocan su superficie, logrando así que sean imposibles de percibir al ojo humano. Y lo más sorprendente es que dicho método puede aplicarse a objetos de cualquier tamaño.

“En principio esta técnica podría ser aprovechada en luz visible, de hecho algunos materiales plasmónicos están disponibles naturalmente a frecuencias ópticas. Sin embargo, el tamaño de los objetos que pueden ser efectivamente encubiertos con este método está en función de las escalas de la longitud de onda en que se operan; de esta forma, cuando se aplica a las frecuencias ópticas de luz visible, podríamos llegar a camuflar objetos que no pasen de micras”.

[Science Daily].-pijamasurf

Médicos sin Fronteras denuncia torturas en las prisiones libias





Publicado: 27 ene 2012 | 04:32 MSK
Última actualización: 27 ene 2012 | 05:10 MSK


La organización humanitaria Médicos sin Fronteras (MSF) ha anunciado la suspensión de sus operaciones en la ciudad libia de Misrata. De este modo expresa su protesta contra las torturas practicadas en los centros de detención de la ciudad y contra la denegación de tratamiento médico a los presos.

Los representantes de la organización informan de que últimamente sus médicos han tenido que tratar cada vez a más pacientes con lesiones debidas a torturas en los interrogatorios en lugar de ocuparse de los presos heridos de guerra, su objetivo inicial.

Tratar a los torturados para que puedan soportar más torturas

Denuncian haber tratado a un total de 115 personas que presentaban heridas relacionadas con las torturas, destacando que en numerosas ocasiones los pacientes eran llevados a los servicios médicos en medio de un interrogatorio para que pudieran soportar más torturas. En algunos casos incluso les pidieron tratar a los enfermos dentro de los propios centros de interrogatorios, algo a lo que los médicos se negaron.

Los miembros de la organización humanitaria mandaron una carta oficial a los órganos administrativos de Misrata en la que pedían el cese inmediato de cualquier maltrato de los detenidos, pero no se tomó ninguna medida al respecto. Como consecuencia, la organización decidió suspender su actividad en la región.

Quién es responsable

El analista político Basem Tajeldine opina que el maltrato de los presos es obra de los mercenarios contratados por el Gobierno interino, cuyo verdadero objetivo en el país es "robar las riquezas del pueblo libio". Sin embargo destaca que ahora se despiertan fuerzas que se pueden oponer a estos grupos violentos, mencionando tanto a las personas que siempre fueron fieles tanto al derrocado líder Muammar Gaddafi como a los miembros del CNT que no están contentos con la política general.

Esta declaración de MSF aparece después de un informe alarmante de la ONU donde la alta comisionada para los Derechos Humanos, Navi Pillay, dijo estar "extremadamente preocupada" por "las condiciones de detención y el trato" que les dan a los detenidos las milicias no controladas por el Gobierno. Esas brigadas cuentan con docenas de prisiones improvisadas que acogen a unas 8.500 personas, sospechosas de haber apoyado al régimen de Gaddafi.

Articulo completo en: http://actualidad.rt.com